Un enfoque centrado en la comunidad por parte de los actores humanitarios es fundamental para reducir la propagación de enfermedades infecciosas. Genera confianza entre los proveedores de servicios y las personas afectadas. Esto permite que las comunidades afectadas controlen de manera conjunta las intervenciones y, por lo tanto, que sean más adecuadas, pertinentes y efectivas en función del contexto. Numerosas lecciones de la respuesta al ébola en la República Democrática del Congo se han aplicado con éxito en la respuesta a la COVID-19. La necesidad de confianza y control conjunto es particularmente crítica en un entorno operativo tan complejo, caracterizado por el desplazamiento, la desigualdad y la creciente división social.